El consentimiento y la violación pagada

El artículo escrito por Nikki Bell y Marian Hatcher, titulado “¿Es ilegal en América la violación a punto de pistola? publicado en “The Guardian” el pasado 17 de Agosto, me inspiró para escribir esta columna por su impecable definición del consentimiento. Y es tan inspirador, porque tanto Nikki Bell como Marian Hatcher, son sobrevivientes de la prostitución, y trabajan, como yo, con mujeres rescatadas de ella. Y como dicen ¿cómo les decimos a las mujeres con las que trabajamos que la Ley ignora la violencia rutinaria sufrida por las mujeres en situación de prostitución y activamente criminaliza a las víctimas?

Cada día en las calles de muchas ciudades del mundo y en México, las mujeres son violadas, asaltadas brutalmente de manera sexual y abandonadas casi muertas. Y cuando mueren víctimas de la violencia feminicida, su feminicidio casi nunca llega a las noticias, mientras que los criminales que cometen estos horribles delitos, lo hacen casi con total impunidad.

De acuerdo con los Códigos Penales ellas son víctimas, pero sus vidas valen menos que nada para la sociedad y para el Estado; no cuentan con influencia política o poder económico, y mientras estos hechos suceden una y otra y otra vez, los criminales que las lastimaron nunca son detenidos y sentenciados.

Los hombres que las lastiman, son hombres comunes –esposos, hijos, hermanos o compañeros de trabajo—pero son vistos como parias, de alguna manera, merecedores de malos tratos.

Esta es la vida real de las víctimas de trata y explotación de la prostitución. En años recientes, la trata y la explotación sexual se ha convertido en un discurso frecuente de los políticos de un partido o de otro, de celebridades que manifiestan su horror y disgusto por la escala y el alcance de la explotación sexual de mujeres, hombres y niños en todo el país.

Aún así, la realidad que enfrentan las mujeres y niñas con las que trabajamos es crítica. Siguen siendo discriminadas, estigmatizadas, sin oportunidades de salida. En nuestra experiencia, las mujeres en situación de prostitución son frecuentemente, en algún punto de sus vidas, víctimas de trata.  A pesar de la retórica política anti-trata, nuestro sistema continúa colocándolas en la marginación y tratándolas como si fueran invisibles, tratando de aniquilar a quienes con incipientes recursos tratamos de abrirles una salida. Pareciera que el sistema insiste en mantenerlas en la exclusión social y en la precarización de sus vidas y su dignidad. Es muy curioso, porque es más fácil castigarlas a ellas que a los hombres que las compran y las venden. Sabemos de primera mano, el peso que tiene el estigma y la discriminación en las oportunidades de estas mujeres para escapar de la prostitución y llegar a ser sobrevivientes de las adicciones, la prostitución y la trata.

A menudo nos preguntan: “¿por qué ellas no simplemente se escapan?” Muchas de las mujeres con las que trabajamos en situación de prostitución de calle o en antros de alto impacto, en burdeles, o como acompañantes, sienten que no tienen ninguna otra opción.

Aún, el concepto de opción o consentimiento está ligado a muchas de las mujeres con las que trabajamos.  En nuestra experiencia, las mujeres en situación de prostitución fueron a menudo víctimas de trata. Consentir implica la libertad y el sentido de bienestar que muy pocas disfrutan cuando son explotadas sexualmente.

Hay una buena razón para que la palabra “consentimiento” no aparezca en ninguna definición legal de la trata humana. Cuando hablamos de explotación, el consentimiento es totalmente irrelevante.  La trata se define como alguien beneficiándose de otra persona por medio del engaño, la fuerza o la coerción o el abuso de una situación de vulnerabilidad. En un estudio de más de 200 mujeres en situación de prostitución en Chicago, casi la mitad dijo que estaban dándole su dinero  a alguien más.  Cerca del 80 por ciento creía que serían lastimadas si se detenían. Casi todas las mujeres entrevistadas reportaron altos niveles de sexo forzado y violencia física en sus vidas cotidianas.

Es común que las mujeres en situación de prostitución sean violadas y golpeadas por los compradores de sexo de paga, sus proxenetas y sus parejas.  Muy pocos de esos delitos se denuncian y cuando son denunciados, es materialmente inútil. Hace aproximadamente un año, cinco mujeres en situación de prostitución en La Merced, fueron violadas y robadas por un supuesto comprador de sexo de paga y se hicieron las denuncias a la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México.
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Se arrestó al ladrón violador en el lugar y en posesión de las pertenencias y el dinero robado, sin embargo, fue puesto en libertad por falta de elementos.  Y esto fue así, a pesar de las declaraciones y la diligencia de reconocimiento, las periciales de la médica legista, pero no tomaron pruebas de AND al presunto ladrón violador, y aunque fue llevado ante el Juez de Control, fue puesto en libertad por falta de elementos. Las víctimas están convencidas de que si hubieran sido estudiantes, amas de casa o profesionistas en lugar de ser mujeres en situación de prostitución, él hubiera sido encarcelado y sentenciado.

Este no es un caso aislado. En los pasados meses hemos apoyado a otras mujeres que han sido violadas con barretas, con desprendimiento de retinas y fueron brutalmente golpeadas. Sólo este año, siete mujeres y jóvenes, casi niñas, fueron víctimas de feminicidio.

Nikki y Marian saben lo que es sentirse sin valor a los ojos de la sociedad. Saben lo que es llevar ese miedo, esa desesperación contigo cada día. Fueron de las pocas que pudieron escapar, y ahora representan a miles de mujeres, niñas, niños y adolescentes todavía atadas a un ciclo de prostitución sistemática y explotación que evidencia el fracaso al poner en marcha leyes globales para proteger a las víctimas y hacer que los presuntos culpables respondan ante la ley.

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN?

Urge un cambio sistémico para romper este ciclo. El cambio debe ocurrir a los niveles más altos. Aunque es un asunto que provoca intensos debates, ellas y nosotras queremos el enfoque del Modelo de Igualdad o Modelo Nórdico adoptado en México y universalmente. Este modelo ha sido adoptado y puesto en marcha en Suecia, Noruega, Islandia, Irlanda del Norte, Israel y muy incipientemente en Guatemala y El Salvador. Este modelo obliga a los presuntos consumidores de sexo de paga o prostituyentes a responder ante la ley penal por el daño que causan y requiere a los gobiernos a brindar servicios de salida integrales a las personas prostituidas.

A últimas fechas ha habido algunos signos alentadores, como por ejemplo el Objetivo del Desarrollo Sustentable ODS 5.2 o en los Estados Unidos donde Nikki y Marian están muy orgullosas de haber participado en el cabildeo y entrada en vigor de una ley muy importante que permite a los gobiernos, el federal y los estatales a detener la trata y la explotación de la prostitución en línea, a través de páginas web, conocida como Fosta-Sesta, que hace a los consumidores y a las páginas que haría que tanto los consumidores como las páginas respondan ante la Ley.

Mientras tanto, las mujeres en situación de explotación en números crecientes que están sumidas en un hoyo de trata y explotación sexual, son dejadas a su suerte frente a las violaciones sexuales, violencia feminicida y feminicidio con total impunidad.

Mtra. Teresa C. Ulloa Ziáurriz
Directora de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC por sus siglas en inglés).
Twitter: @CATWLACDIR
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